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SaharÁvila

Otra vuelta de tuerca.

Eso es lo que acaba de hacer el Sultán medieval de Marruecos con sus últimas declaraciones en las que dinamita el alto el fuego firmado con el Frente Polisario en 1991.

Otra vuelta de tuerca. Otra violación de los Acuerdos de Paz. Otra demostración de lo que vale su palabra y la de los felipistas que le apoyan.

Pero, claro, ¡si nadie le para los pies!, ¡si nadie protesta ni le sanciona!, ¡si nadie le impone que tiene que cumplir la legalidad internacional! Nadie. Ni Francia, ni España, ni los USA. Nadie. ¿De qué nos sorprendemos entonces?

Siempre he sido partidario de la paz. Que si la paz para arriba, que si la paz para abajo, que si la paz por aquí, que si la paz por allá. ¡Qué bonita es la paz! Pero, ¿a dónde nos conduce esta paz? A estas declaraciones, a más provocaciones, a más represión y asesinatos, a más violaciones de los Derechos Humanos. ¿Se puede seguir soportanto tanta iniquidad? No.

La consecuencia, por tanto, es que la paz no ha servido más que para aumentar el sufrimiento del pueblo saharaui. De modo que, con gran dolor de nuestros corazones, no queda más remedio que pasar a la guerra obligados por la maldad de Mohamed VI.

Será muy duro y doloroso, no cabe duda, pero cuando la otra parte no deja otra posibilidad ... si quieren guerra, la tendrán ellos y los traidores porque lo inaceptable es rendirse. Y, desde luego, ver morir a nuestros hijos en la guerra es trágico, pero más trágico es verles morir asesinados como corderos indefensos.

Javier Auserd.

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