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SaharÁvila

Va siendo hora.

 

Las últimas declaraciones del enviado especial para el Sáhara del Secretario General de Naciones Unidas, el sustituto de James Baker, el holandés Peter Van Walsum, no dejan margen alguno para la paz ni permiten que siga honestamente en su trabajo de mediador un individuo que se posiciona inequívocamente en contra del Referéndum de autodeterminación y dice que es imposible.

Es el enésimo fracaso de un tema que se ha ido pudriendo con el tiempo, como era previsible que sucedería y no hace falta ser ningún lince para ver que así ocurriría y que es lo que siempre ha pretendido Marruecos y le ha salido bien.

Pero aún se está a tiempo para intentar evitar lo inevitable. Sólo queda un camino y es el más desagradable y es el más indeseable pero también es el más inevitable, por desgracia: la guerra.

Es terrible decirlo, pero las tácticas marroquíes para conseguir su estrategia, sólo conducen a eso: a la guerra, porque la alternativa ya se ha demostrado insoportable: es la agonía lenta y más dolorosa que la muerte y conduce al abandono y al olvido.

Es atroz decirlo, sobre todo para los que creemos firmemente en la paz y en la no violencia. Pero estamos ante un caso desesperado donde la paz se ha demostrado imposible ante la feroz intransigencia opresora, despótica y dictatorial del sultán de Marruecos.

Ojalá, esa guerra inevitable empiece pronto para que termine pronto y no sea muy sangrienta y termine con la justa descolonización e independencia. Y ojalá España y Francia cumplan con su obligación de evitarla dando una solución justa, que, aunque tardía, llegue a tiempo.

Javier Auserd. 

 

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